La felicidad se aprende

Hace diez años, si me hubieran preguntado qué tan feliz era, habría descartado la pregunta. No quería hablar de eso.

En una escala del 1 al 10, habría dicho 2/10 o 3/10. Quizás 4/10 en mis mejores días. Pero no valoraba ser feliz.

Hoy soy un 9/10. Y sí, tener dinero ayuda, pero en realidad es una parte muy pequeña. La mayor parte viene de haber aprendido a lo largo de los años que mi propia felicidad es lo más importante para mí, y la he cultivado con muchas técnicas. [10]

Quizás la felicidad no es algo que se hereda ni que se elige, sino una habilidad muy personal que se puede aprender, como el estado físico o la nutrición.

La felicidad es algo que evoluciona mucho, creo, como todas las grandes preguntas. Cuando eres pequeño, vas donde tu mamá y preguntas: «¿Qué pasa cuando morimos? ¿Existe Santa Claus? ¿Existe Dios? ¿Debo ser feliz? ¿Con quién debo casarme?». Ese tipo de cosas. No hay respuestas fáciles porque ninguna respuesta vale para todos. Este tipo de preguntas sí tienen respuestas, en última instancia, pero son respuestas personales.

La respuesta que a mí me funciona va a ser un disparate para ti, y viceversa. Lo que sea que signifique la felicidad para mí, significa algo distinto para ti. Creo que es muy importante explorar qué son estas definiciones.

Para algunas personas que conozco, es un estado de flujo. Para otras, es satisfacción. Para otras, es una sensación de plenitud. Mi definición sigue evolucionando. La respuesta que te habría dado hace un año será diferente a lo que te digo ahora.

Hoy creo que la felicidad es realmente un estado predeterminado. La felicidad está ahí cuando eliminas la sensación de que algo falta en tu vida.

Somos máquinas de supervivencia y reproducción altamente sentenciosas. Andamos constantemente pensando «necesito esto» o «necesito aquello», atrapados en la red de los deseos. La felicidad es el estado en que nada falta. Cuando nada falta, la mente se apaga y deja de correr al pasado o al futuro para lamentarse o planear.

En esa ausencia, por un momento, tienes silencio interior. Cuando tienes silencio interior, estás contento y eres feliz. Siéntete libre de no estar de acuerdo. Una vez más, es diferente para cada quien.

La gente cree erróneamente que la felicidad tiene que ver solo con pensamientos positivos y acciones positivas. Cuanto más he leído, más he aprendido y más he experimentado (porque lo verifico yo mismo), cada pensamiento positivo esencialmente contiene dentro de sí un pensamiento negativo. Es un contraste con algo negativo. El Tao Te Ching lo expresa de manera más articulada de lo que yo jamás podría, pero todo es dualidad y polaridad. Si digo que soy feliz, eso significa que en algún momento fui infeliz. Si digo que alguien es atractivo, entonces alguien más es poco atractivo. Incluso cada pensamiento positivo lleva en su interior una semilla de pensamiento negativo, y viceversa, por eso gran parte de la grandeza en la vida surge del sufrimiento. Hay que ver lo negativo antes de poder aspirar y apreciar lo positivo.

Para mí, la felicidad no tiene que ver con pensamientos positivos. Ni negativos. Tiene que ver con la ausencia del deseo, sobre todo del deseo de cosas externas. Cuantos menos deseos tengo, más acepto el estado actual de las cosas, menos se mueve mi mente —porque la mente existe en movimiento hacia el futuro o el pasado. Cuanto más presente estoy, más feliz y satisfecho estaré. Si me aferro a una sensación, si digo «Soy feliz ahora» y quiero seguir siéndolo, ya salí de esa felicidad. De repente la mente se mueve. Intenta aferrarse a algo. Intenta convertir una situación temporal en permanente.

La felicidad para mí es principalmente no sufrir, no desear, no pensar demasiado en el futuro ni en el pasado, abrazar de verdad el momento presente y la realidad de lo que es, y tal como es. [4]

Si alguna vez quieres tener paz en tu vida, tienes que ir más allá del bien y del mal.

La naturaleza no tiene ningún concepto de felicidad o infelicidad. La naturaleza sigue leyes matemáticas ininterrumpidas y una cadena de causa y efecto desde el Big Bang hasta ahora. Todo es perfecto exactamente como es. Solo en nuestra mente particular somos infelices o no, y las cosas son perfectas o imperfectas a causa de lo que deseamos. [4]

El mundo simplemente te devuelve tus propios sentimientos. La realidad es neutral. La realidad no emite juicios. Para un árbol, no existe el concepto de correcto o incorrecto, bueno o malo. Naces, tienes todo un conjunto de experiencias sensoriales y estímulos (luces, colores y sonidos), y luego mueres. Cómo eliges interpretarlos depende de ti: tienes esa elección.

Esto es lo que quiero decir cuando digo que la felicidad es una elección. Si crees que es una elección, puedes empezar a trabajar en ella. [77]

No hay fuerzas externas que afecten tus emociones, por mucho que así lo parezca.

También he llegado a creer en la completa y absoluta insignificancia del yo, y creo que eso ayuda mucho. Por ejemplo, si creyeras que eres lo más importante del Universo, tendrías que doblar el Universo entero a tu voluntad. Si eres lo más importante del Universo, ¿cómo podría no conformarse a tus deseos? Si no se conforma a tus deseos, algo está mal.

Sin embargo, si te ves a ti mismo como una bacteria o una ameba, o si ves todas tus obras como escritura sobre el agua o castillos en la arena, entonces no tienes ninguna expectativa de cómo debería «en realidad» ser la vida. La vida simplemente es como es. Cuando aceptas eso, no tienes motivo para ser feliz o infeliz. Esas cosas casi no aplican.

La felicidad es lo que queda cuando eliminas la sensación de que algo falta en tu vida.

Lo que te queda en ese estado neutral no es neutralidad. Creo que la gente cree que la neutralidad sería una existencia muy insulsa. No: esta es la existencia que viven los niños pequeños. Si observas a los niños pequeños, en general son bastante felices porque están verdaderamente inmersos en el entorno y en el momento, sin ningún pensamiento sobre cómo debería ser según sus preferencias y deseos personales. Creo que el estado neutral es en realidad un estado de perfección. Uno puede ser muy feliz siempre que no esté demasiado atrapado en su propia cabeza. [4]

Nuestras vidas son el parpadeo de una luciérnaga en la noche. Apenas estás aquí. Tienes que aprovechar cada minuto —lo cual no significa perseguir algún deseo estúpido toda la vida. Significa que cada segundo en este planeta es muy valioso, y es tu responsabilidad asegurarte de ser feliz e interpretar todo de la mejor manera posible. [9]

Nos vemos a nosotros mismos como fijos y al mundo como maleable, pero en realidad somos nosotros quienes somos maleables y el mundo está en gran medida fijo.

¿Puede la práctica de la meditación ayudarte a aceptar la realidad?

Sí. Pero es asombroso lo poco que ayuda. [risas] Puedes llevar años meditando, pero si alguien dice algo incorrecto de la manera incorrecta, vuelves a tu yo dominado por el ego. Es casi como si estuvieras levantando pesas de medio kilo y de repente alguien te dejara caer una barra enorme con discos en la cabeza.

Es absolutamente mejor que no hacer nada. Pero cuando llega el momento real del sufrimiento mental o emocional, nunca es fácil. [8] La felicidad real solo llega como efecto secundario de la paz. La mayor parte vendrá de la aceptación, no de cambiar tu entorno externo. [8]

Una persona racional puede encontrar paz cultivando la indiferencia ante las cosas que están fuera de su control.

He reducido mi identidad.

He reducido el parloteo de mi mente.

No me importan las cosas que realmente no importan.

No me involucro en política.

No me rodeo de personas infelices.

Valoro de verdad mi tiempo en esta tierra.

Leo filosofía.

Medito.

Me rodeo de personas felices.

Y funciona.

Puedes mejorar tu línea de base de felicidad de manera muy lenta pero constante y metódica, igual que puedes mejorar tu estado físico. [10]